miércoles, 30 de noviembre de 2011

Capas, capas, compre sus capas! (La segunda parte)

El silencio es tan aburrido. Peor aún es cuando todos a mí alrededor se duermen (qué curioso que diga esto, viniendo de parte de alguien que suele dormirse durante conversaciones etílicas).

Pero ¿qué puedo decir?

Si estoy rodeado de personas con las que tengo que compartir una habitación y todos se duermen excepto yo, justo cuando en mi cerebro se debate una suerte de torbellino nuclear, puedo llegar a desesperarme.
Este era el caso: Los ocho viajeros cansados de tanta carretera y embriagados de alegría nos disponíamos a dormir después de los merecidos tragos en el bar “Sands”.

"Sands". Debo hacer un paréntesis para describir este sitio. A primera vista es una gran casa abandonada en cualquier barriada de La Chorrera. Pero a medida que te acercas notas que se trata de un bar abandonado con mala iluminación. La diferencia es que sí funciona y no está realmente abandonado.

En la entrada un tipo pide la “cédula”. Es más bien una formalidad porque sacamos nuestras cédulas panameñas y apenas si reparó en ellas.
En el balcón frontal algunas sillas y mesas redondas del tipo que si te descuidas puedes tirar todos los tragos al piso. El tipo de trastadas con las que me encuentro en situaciones normales, por supuesto.

Después está la barra en donde dos o tres tipos (ya no recuerdo) te sirven tan pronto como pueden. La bebida predilecta: Cerveza Imperial, el orgulloso sabor a lúpulo de una nación que tiene una moneda que vuela con un soplo.

Unos escalones mínimos te separan de una plazoleta llena de mesas y sillas en donde hay un montón de gente sentada bebiéndose la vida.
La música ambiental era Helloween, Saxon, Iron Maiden, Arch Enemy, Inmortal y aquella retahíla de bandas death metal cuyos nombres no puedo pronunciar porque son muy difíciles y no me acuerdo de todas. Algo curioso sucede en este tipo de sitios; hay bandas que quizás uno no tenga en el iPod o no escuches con regularidad como Mago de Oz o alguna de esas de ositos pandas noruegas; sin embargo, en ese ambiente tabernario, cervecero y de ruido, todo lo que ponían sonaba exquisito y tremendamente apropiado para la ocasión.

Un poco más allá, mesas de billar y juegos de futbolito que se accionan con el girar de unas perillas que mueven a un conjunto de jugadores plásticos en miniatura. Las reglas básicas del fútbol aplican excepto que no hay necesidad de árbitro porque realmente no se cometen faltas por aquello de que los jugadores nunca se tocan dado que están todos conectados por una madera.

El código de vestimenta de predilección en Sands es negro de pies a cabeza, de existir otros colores estos son el rojo o tonalidades oscuras que apelan a una sensibilidad demoníaca o a algún icono antihéroe de la cultura popular. Incluso fui advertido en el hostal antes de salir: “No se te ocurra ir vestido muy festivo porque esa gente es capaz de sacarte a patadas”.

Con eso me daba cuenta de que existía un derecho de admisión: metaleros o roqueros solamente. Y así fue. Bueno, así fuimos. Debo anotar aquí (como dije en mi publicación anterior) que se nos había unido una rémora que no paraba de hablar tonterías. Hasta ella supo tomar las precauciones del caso poniéndose un suéter de Nirvana. A mí me gusta Nirvana, pero verla a ella en ese suéter y en ese bar era el equivalente a ver aquel personajillo de Beavies y Butthead que anda con el suéter de Winger y con el que nadie quiere estar.

La mecánica del asunto era así: si ella se movía a nuestro grupo nos alejábamos de la manera más notable posible. Sería capaz de entender esa recta directo a la frente. No, por supuesto que no. El problema es que uno de nosotros fue el elegido para pasar bastante rato junto a ella. Solo los que estuvimos sabemos de quién se trató, y bajo la Ley “Pacto de Varón” de todos los suscritos debo guardarme la identidad del valiente que se sacrificó para evitar que las palabras necias de la susodicha centroamericana indiana de la India terminaran por arruinar toda nuestra experiencia!

Sands te da esa sensación de que algo le falta a tu país: más rock, más roqueros y más roqueras (por supuesto!).

Verán, el problema de nuestro país es que existen demasiadas personas a las que “les gusta el rock” y después te preguntan si escuchaste a uno de esos ‘pincha cidis’ que son el número uno del mundo. Hago un paréntesis para aclarar algo: Al roquero no “le gusta” el rock. Lo respira, lo vive, le da de comer, lo exuda con cada partícula de su cuerpo, lo usa de filosofía, lo bebe, y por dentro está el galope de una batería, el rechinar de una guitarra eléctrica, los profundos puñetazos del bajo, y las alucinaciones ácidas de algún poeta maldito y por eso los dedos no se quedan quietos porque siempre tienen una canción resonando que nos obliga a tocar cualquier superficie que emita sonido para seguir el ritmo, y de nuestras bocas salen las letras de las canciones y todos los días tenemos una canción en la cabeza que no nos abandona.

No, no nos puede nada más “gustar” el rock. A ti te “gusta” un carro, un juego de PS3 o una persona, un helado, una serie de televisión, hasta te puede gustar que te toquen la nalga, pero el rock va más allá y es mucho más que un vulgar gustito. Y en Sands y quizás en todo Costa Rica hay bastantes roqueros. Eso es envidiable. Por ese mercado los shows van allá. Envidio eso y el clima.

De regreso a nuestra habitación aunque estaba cansado no podía parar de generar algún comentario que despertara a otro y que este a su vez generara otro en una interminable cadena de risa.

Mi juego favorito en este tipo de circunstancias sabiéndome poseedor de un público totalmente cautivo sin escapatoria es emitir onomatopeyas de cosas que regularmente uno oculta por sentido común o por simple ornato. El ejemplo más consistente y quizás clásico es generar sonidos de flatulencias. Pero no de cualquier clase, sino aquellas que por su sonido uno sabe que traen apellido y dejan marcas o naranjazos en la ropa interior. Lo malo de este juego es que alguien brinde un aporte propio inundando la habitación y que, debo admitir, no sucedió por suerte (los míos me los aguanté todos o me los tiraba cuando todos se reían).

Otro truco para deleitar a los demás es sostener con el dedo índice y el pulgar una de tus mejillas estirando la piel levemente separándola de los dientes. Si se hace bien, el resultado es la imitación casi perfecta del onanismo; en otras palabras suena como si alguien se estuviera haciendo la paja. Para proceder con este chascarrillo uno espera que los comentarios cesen dando paso a un corto silencio, ahí provocaba el sonido y caía una tormenta de risas.

Estábamos todos repartidos en camas camarote como aquellas que usaba cuando estaba pequeño.

Yo en el camarote de arriba pegado a la pared. Debajo de mí Locksmith, en la cama de al lado DavidQ abajo y arriba Olivia, mientras en la otra esquina JuancoPlaza abajo y ACubas75 sobre él (por supuesto cada uno en su cama), y frente a nosotros DavidC y ElectricLady.
La cadena de comentarios u onomatopeyas generaba reacciones inmediatas y una legua de comentarios que no paraban.

Lo curioso del asunto es que en un momento me bajé de la cama para ir al baño y cuando regresé casi todos estaban roncando. Logré generar alguna que otra risotada generando mis propios ronquidos falsos y exagerados pero hasta ahí.

Al día siguiente me desperté con el delicioso sonido de la alarma del teléfono de DavidC a las 7:00 a.m. que curiosamente apagó la alarma de mi teléfono que se disparó para alegría de todos a las 5:45 a.m. (curiosamente, como casi nunca pasa, al único que no despertó fue a mí!).

Para desayuno conseguimos cosas naturales de comer como jamón, queso, y por supuesto un montón de cerveza!
Ya eran las “Cerveza y media” cuando abrí la primera (ya lo dice el dicho “son las cinco de la tarde en alguna parte no?”).

En televisión fútbol de la Premier League. No hay como sentarse a ver cómodamente un partido de fútbol bebiendo cerveza en tu casa… la diferencia es que estábamos en Casa Los Yoses. Ese misterioso lugar que hace que te sientas exactamente como en tu casa. Pero mejor aún, porque tienes a tus amigos en la dosis perfecta, un par de días, en para divertirte.

La idea era salir a tiempo suficiente para hacer la larga cola de gente para el concierto. El consenso: salgamos después del almuerzo con calma.
Así lo hicimos. Paramos en un restaurante tipo parrillada grill “reloaded” que tenía aquellos platos que te venden acá con carne, puerco o pollo pero con otros nombres. El mejor era el “Lápiz de Carne” pero nadie lo quiso, no sé por qué. DavidC sugirió que el menú debía incluir el “Crayola de Pellejo”, lo busqué pero no estaba.

En un segundo JuancoPlaza se retiró de la mesa y trajo una buena idea: bolsas ziploc. “¿Y esto?” – “Si llueve no se mojan las carteras y la plata”. ¡Buena idea!

Después se armaría un revoltijo con una bolsa de aire que contenía mi cartera, pero al menos estaba seca.
Al finalizar la comida caí en cuenta de que había estado bebiendo desde que estábamos en el hostal. Peligro. No pensaba perderme este concierto. Tenía que estar sobrio. Bajé la última Imperial que me tomaría por un buen par de horas. Ajustados en dos taxis color rojo nos dirigimos al estadio.

Bastó con que viéramos el estadio de lejos para que se desatara la lluvia. No lluvia, tormenta. Corrección: Palo de agua!
Nos apeamos en un local comercial que tenía quizás a un centenar de personas empapadas y que se ajustaban capotes para no mojarse más.

“Capas, capas, compre las capas, no se moje”; gritaban a todo pulmón estos tipos que salían de todas partes con un manojo de capotes a los que llaman “capas” aunque no sean de superhéroes. Las venden en 1,000 colones si mal no recuerdo. Y tenías que comprarla porque de lo contrario te mojabas así de sencillo. Me puse una “capa” que no era tan buena porque no me quedaba bien y no solo eso, se rompía con mirarla.
Los vendedores seguían con su perorata “capas, capas! De las buenas!” otro gracioso por detrás decía “vendo capas pero son las mismas no se engañen!”.
Después de di cuenta que DavidC había comprado de las “buenas” porque tenían más consistencia. Así que compré otra que me metí al bolsillo.
Como nos habíamos dividido en dos taxis cuatro de nosotros estaban en alguna parte y tocaba esperar que terminara el aguacero para cruzar la calle a hacer la fila. Por ahí los encontraríamos.

La lluvia decidió que era momento de parar un rato y dejarnos cruzar la calle. Lo hicimos y empezamos a buscar el principio de la fila de los que entrarían al “Gram Alive” es decir los boletos “uve y pe” del concierto. Esto era estar en la masa de gente que vería a Pearl Jam de frente y al frente.

La mala suerte fue cuando nos dimos cuenta que el filón más grande era precisamente ese. Las personas de pie mojadas y enlodadas algunos con capas otros sencillamente disfrutando de la embriaguez bajo la lluvia.
De la nada nos encontramos con los cuatro que faltaban. Y emprendimos la caminata alrededor de unas enormes canchas de fútbol hasta donde llegaba la fila.

Éramos los últimos y apenas el reloj daba las 2:30 de la tarde en San José.
Ahí aparecieron de nuevo los vendedores de capas. Había parado de llover. Me quité la mía con tal cuidado que la rompí totalmente.
Los vendedores insistían y creo que estaban en conspiración con el clima. En especial recuerdo a una señora que dijo “lleve sus capas, ahora vuelve a llover”. No había terminado de decir llover cuando me cayeron las primeras gotas. Tenía otro capote en el bolsillo y lo usé.
DavidC había tomado la precaución de comprar una pequeña silla plástica rosada plegable muy útil que usábamos turnándonos.

El premio debo dárselo a DavidQ cuya chamarra se convertía totalmente en un súper traje de protección contra la lluvia. Sus años montando Harley Davidson lo han hecho un experto en sobrevivencia de la lluvia y en menos de un minuto estaba completamente cubierto. ¡Bravo!

Curiosamente, mucho menos protegido, sin capa y con absolutamente ninguna
muestra de estar mojado JuancoPlaza se movía con toda tranquilidad. ¡Impresionante! Parecía que el verdadero poder no lo llevaban las capas sino este que era invencible al agua. Otro que no parecía tener ningún problema con la lluvia era Locksmith. Únicamente protegido por un jacket.
El resto de nosotros nos veíamos normales. Humanos mojados por la lluvia cubriéndonos con capas que no tenían poderes.

Estuvimos tanto tiempo de pie que nos fuimos aburriendo. Era tan tedioso estar ahí. Surgieron preguntas sobre por qué no fuimos más temprano. ¿Conocíamos a alguien que podría colarnos más adelante?
ElectricLady no paraba de mencionar a un tico peregrino que de buena fe en el pasado los coló casi a la cabeza de la fila. El horizonte no se veía alentador. Gente y más gente desconocida que no darían su puesto por nada en el mundo. Pero no solo eso, ya no estábamos al final de la fila. Un montón de gente empezó a formar la línea detrás de nosotros.

Empecé a ver gente que conocía de lejos, pero nunca estaban solos siempre se veían en grupos de más de cinco. Yo agachaba la cabeza para no convertirme en el que le dio el puesto a otro grupote de gente, sabiendo que ya éramos ocho. En la fila tenías que vigilar que no se te metieran enfrente, cubrirte de la lluvia y aguantar parado buen rato. Olivia Vergara y ElectricLady decidieron irse a un parque cercano para sentarse en una silla. La lluvia continuaba su intermitencia díscola. Olivia llevaba un capote azul. Y se sentó en el piso cubriéndose por completo. Un niño que pasaba con curiosidad la vio y atinó a decir: “¡una gota de agua!”. Ni a mí se me hubiera ocurrido tal genialidad.

Si tenías ganas de mear en la fila te alejaba a los arbustos más cercanos. A ratos veías a tipos en extraños movimientos detrás de los arbustos. Sí, estaban meando.
Para resistir la espera bajé las revoluciones. Menos conversación, mirando al horizonte o a ninguna parte había que guardar fuerzas. ACubas75 pensó que me pasaba algo. Me preguntó. Le dije que me estaba cagando. Su recomendación: “fácil, aléjate de la fila y tírate varios peos y ya!”. En esas circunstancias es un buen remedio.

La espera seguía. Al menos finalmente la lluvia se detuvo por más de una hora dando indicios de que no llovería. No más capas.
Me aventuré con ElectricLady hacia la multitud. Alguien nos pasaría adelante. Nos encontramos con El Tono. Nada. Nos dijo que vio que habían abierto la puerta pero la gente enloqueció. Intervino la policía.
La entrada para las otras secciones del concierto en las gradas “Evenflow” y “Jeremy” la gente entraba con toda tranquilidad y no parecía haber ninguna fila. Malditos suertudos de porquería!

Tuvimos que regresar a la fila.
Nos movíamos pero demasiado lento.
Empezó a oscurecer.
De pronto intrusos.
Una pareja no sé si de hermanos o novios se acercó y entabló conversación con DaviC.
Esto no olía bien.
Ellos decían que buscaban a otro que estaba en la fila al final. Pero no lo hallaban.
Se fueron.
Pero regresaron.
Yo no estaba tan convencido.
A estas alturas un espacio en la fila era nuestro único reino y no podíamos permitir invasiones.
El muchacho regresó y nos invitó cerveza a todos.
Quizás era mejor que se quedara con nosotros.
Sus amigos tal vez lo habían abandonado.
Pobres muchachos.
Se hizo de noche y empezó la procesión hacia adentro.
Pasos lentos pero seguros.
Los vendedores recogían sus cosas y aventuraban unas últimas ventas.
Uno en particular decía: “sodas” “cervezas” “leche demipalo”. Exacto.
Nos acercábamos a la entrada.
La emoción corría.
Decíamos cualquier cosa.
Para JuancoPlaza y ACubas “PJ-TUANIS” sonaba mejor que PJ20.
Cámaras de televisión se acercaron a nosotros.
La fila se desmoronaba en orden.
ACubas75 dejó su “juega vivo buay” por PJTuanis.
Y lo dijo en televisión.
A medida que nos acercábamos veíamos las luces de la puerta y los policías.
Y el rugido de gente entrando.
Una pelea se desató.
Le rompieron la nariz a un tico.
Estaba borracho.
Nos pasó por enfrente. Pobre, estaba buscando a sus amigos que seguramente ya estaban adentro.
No lo dejaron entrar.
Y a su agresor tampoco.
Pasamos.
Le quitaron la silla rosada a DavidC.
Y entramos al estadio en donde la selección de Costa Rica empató a España a 2 y con Argentina a 0.
Impresionante estadio.
Enorme.
Versallesco.

Vi a un tico tirado en el piso. Apenas si pudo cargar su anatomía dentro y se desplomó. Había bebido desde las 10 de la mañana. Ahí terminaría su espera para no ver lo que pasó con Pearl Jam.
Me compré una camiseta con una calavera de Pearl Jam y ahora mismo acabo de recordar que no sé donde la puse. Espero no haber tirado 20 dólares a la basura!

Nos ubicamos en un sitio donde se podía ver el escenario.
No había forma de acercarnos más.
Demasiada gente.
Se apagaron las luces y arrancó la primera banda: La Robertas. Hacía rato que no veía un espectáculo tan esperpéntico, paupérrimo, sin vida, gacho, mutilado y sin sentido.

Debo admitir que nuestro grupo gozó con las letras porque eran bastante fáciles. Primero cantaron una canción con la letra A. después de movieron a la letra E. Luego tomaron un giro de 360 grados y se atrevieron a llegar a la letra O! Nos burlábamos sin cesar de esta basura, que, admitámoslo es la señal de que mucho del panorama musical mundial está podrido.
La música que denominan “indie” hoy en día es coito sin eyaculación, es ordeñar una vaca y tirarle la leche en la cabeza, es cerveza sin alcohol, en definitiva una basura. A quién se le ocurre construir un “género” musical basado en cómo se visten. Estas pobres niñas y el baterista no tuvieron reparo alguno con el público. Cero conexión. Completamente ensimismados metidos en sus canciones monosilábicas. Para mí un total irrespeto. Empezando que eso que llaman indie no es rock porque tripas no tiene.

Después de tantas canciones me saturé.

Le confesé a ACubas75 “si la banda que viene después de esta es igual o toca un género similar, me voy del estadio y borro la colección de Pearl Jam de mi iPod!”.

El baterista agradeció al público (que no quemó el escenario por compasión y porque Pearl Jam lo necesitaba).

El esperpéntico adolescente seguramente fanático de la saga de “Crepúsculo” advirtió “nos faltan tres canciones!”.
Un tico enfurecido que no paraba de gritarles finalmente lo dijo: “esto es peor que tener sida!”. Y tenía razón.

La siguiente banda eran “Los X”.

Dado el nombre imaginé características similares a la anterior y mi rostro dibujo espasmos de rabia.
Los X parecían los abuelos de Las Robertas.
Llegaron al escenario.
Ajustaron todo y arrancaron.
Sentí que el alma me regresaba.
Batería, bajo, guitarra y una señora cantando con una voz tan desgarradoramente roquera que agradecí al cielo desconocido por esta maravilla.
De una vez me percaté que estos no eran locales.
Tiraban una y otra canción que rememoraba al punk clásico de los setentas.
DavidC atinó.

Me dijo “este tipo se parece bastante a John Doe de the X… oooohhhh”.
Ahí nos dimos cuenta de que presenciábamos una histórica banda de punk.
Los miembros de Pearl Jam se agolpaban a los lados del escenario para verlos.

Billy Zoom con su pose de poder en la guitarra, DJ Bonebreak en la batería dándole durísimo, Exene Cervenka y su baile caótico semejante a Joe Cocker y el señor John Doe con un bajo que quedaba resonando en la caja torácica.
Se me olvidó todo.

La espera, la lluvia, las capas, y lo más importante se borró de mi mente que existía una banducha llamada Robertas.

Era rock.

Lo mejor que pudo pasarle a Pearl Jam y a nosotros!

(Me temo que tendré que extenderme a un tercer episodio!)